¿Por eso vas a llorar?: Sufrimientos invisibles en las infancias y las adolescencias

Minimizar el malestar emocional de niños y adolescentes bajo la frase 'son cosas de chicos' invisibiliza un sufrimiento real: la importancia de una escucha adulta sin censuras.

Acompañamiento y escucha sin censuras frente al sufrimiento en infancias y adolescencias
Puntos clave de este artículo
  • Pese a los discursos modernos sobre crianza respetuosa, persisten actitudes que minimizan y ridiculizan el malestar de niños y adolescentes.
  • La exigencia de rendimiento constante en la sociedad actual deja poco espacio para aburrirse, frustrarse o simplemente estar mal.
  • Acompañar el sufrimiento infantil confronta al adulto con sus propias vivencias y dolores postergados.
  • Escuchar no significa solucionar todo de inmediato, sino transmitir que lo que sienten importa y merece un lugar.

1. Entre el discurso y la práctica: ¿garantizamos realmente sus derechos?

Los discursos sobre las infancias y las adolescencias han cambiado a lo largo del tiempo. Desde mediados del siglo XX ha cobrado fuerza una mirada más sensible a las singularidades de estas etapas de la vida, especialmente en relación con los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Los proclamamos, los estudiamos y los defendemos. Pero ¿los garantizamos realmente en la vida cotidiana?

Hoy tenemos acceso a una cantidad de información impensable algunas décadas atrás. Las redes sociales, los libros y los distintos espacios de divulgación han acercado nuevas formas de pensar la crianza y el cuidado. La idea de una crianza respetuosa se ha instalado con fuerza y sabemos cada vez más acerca de qué hacer —o qué no hacer— para criar a nuestros hijos/as.

La idea de una crianza respetuosa se ha instalado con fuerza, pero cabe preguntarnos: ¿garantizamos realmente esos derechos en la vida cotidiana?

2. 'Cosas de chicos': la censura silenciosa de las emociones

Sin embargo, junto con estos discursos conviven formas de relacionamiento que todavía minimizan, ridiculizan o censuran sus experiencias y malestares. Sus preocupaciones son menores, no son serias, 'son cosas de chicos'. Sus lágrimas no son justificables ni proporcionales a lo ocurrido. Sus actividades e intereses son algo secundario que no merece espacio en las conversaciones familiares: 'Después me contás, ahora estoy ocupado'.

Pero ¿por qué, si pregonamos su derecho a pensar y expresarse libremente, sostenemos aún este tipo de actitudes?

La época en la que vivimos genera una exigencia constante de rendimiento y, en medio de tantas exigencias, ¿cuánto espacio queda para simplemente estar mal?

A veces pareciera que no hay tiempo para detenerse, aburrirse, frustrarse, equivocarse o atravesar un momento difícil. Incluso el malestar parece necesitar una explicación rápida y una solución inmediata.

3. El dolor ajeno como espejo: por qué nos cuesta tolerar su sufrimiento

Quizás una de las razones por las que nos cuesta tanto tolerar el sufrimiento de niños, niñas y adolescentes es porque su malestar también nos confronta con el nuestro.

Acompañar el dolor de otro implica detenernos y escuchar. Tolerar no tener inmediatamente una respuesta y, en ocasiones, entrar en contacto con experiencias propias que también hemos aprendido a dejar de lado.

Tal vez por eso, algunas veces, el adulto no puede ver el dolor del niño porque tampoco encuentra espacio para mirar su propio dolor.

Algunas veces el adulto no puede ver el dolor del niño porque tampoco encuentra espacio para mirar su propio dolor.

4. Lo que no se dice en palabras se expresa en el cuerpo

Cuando no existe suficiente disponibilidad para hablar, pensar o poner en palabras aquello que genera sufrimiento, este puede expresarse de otras maneras: a través del cuerpo, de la conducta, de dificultades en el aprendizaje o la atención, de cambios en el estado de ánimo o de dificultades en los vínculos.

Quizás se trate, entonces, de recuperar la capacidad de detenernos frente a aquello que les pasa, incluso cuando no logramos comprender del todo la magnitud de su malestar.

Porque escuchar no significa evitarles las frustraciones ni resolver cada problema. Significa poder transmitirles que lo que sienten importa, que su sufrimiento merece un lugar y que no necesitan esperar a que se vuelva más grande o más visible para ser escuchados.

Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.