¿Y si la tristeza también fuera una forma de no arriesgarse a vivir?

A veces la tristeza se convierte en una manera de protegernos del miedo a desear y exponernos a la frustración. Cómo interrogar el malestar para construir una vida más propia.

Persona en contemplación, reflexionando sobre la tristeza y el miedo a arriesgarse a vivir
Puntos clave de este artículo
  • La tristeza puede operar como un refugio de autoprotección: renunciar a desear para evitar exponernos a no conseguirlo.
  • Permanecer en un lugar conocido, aunque duela, a menudo se elige porque al menos allí sabemos qué esperar.
  • La saturación de metas ajenas en la sociedad actual puede apagar nuestro deseo genuino sin que lo advirtamos.
  • La psicoterapia brinda un espacio para detenerse y escuchar qué elecciones postergadas y qué riesgos evita nuestra tristeza.

1. La tristeza como refugio: el miedo a desear y perder

A veces creemos que estar triste es simplemente sentirse mal. Pero quizás la tristeza también puede convertirse, sin que nos demos cuenta, en una manera de protegernos.

Cuando deseamos algo —una relación, un proyecto, un cambio, una nueva oportunidad— también nos exponemos a que no salga como esperamos. Y eso puede dar miedo.

Porque desear implica arriesgarse: ilusionarse, intentar, elegir, acercarse, dejar algo atrás.

Entonces, a veces, puede resultar más fácil convencernos de que “no quiero”, “no me importa” o “¿para qué intentarlo?”, que reconocer que sí queremos algo y aceptar la posibilidad de no conseguirlo. Podemos quedarnos en un lugar conocido, incluso si ese lugar nos hace sufrir, porque al menos allí sabemos qué esperar.

Por eso, quizá la alegría no sea simplemente lo contrario de la tristeza. A veces tiene que ver con algo más profundo: con animarnos a desear, aun sabiendo que no tenemos garantías.

Desear implica arriesgarse: ilusionarse, intentar, elegir y dejar algo atrás. A veces resulta más fácil resignar el deseo que tolerar la posibilidad de no alcanzarlo.

2. Una época de estímulos constantes y deseo apagado

Vivimos, además, en una época en la que el deseo parece estar permanentemente estimulado y, al mismo tiempo, saturado. Se nos ofrecen objetivos, modelos de éxito, formas de felicidad y respuestas rápidas para casi todo. Hay poco espacio para la espera, la incertidumbre, la angustia o incluso para no saber todavía qué queremos.

La velocidad con la que se supone que debemos alcanzar objetivos —que muchas veces ni siquiera sabemos si son verdaderamente nuestros— puede terminar apagando nuestro propio deseo.

Y cuando el deseo se apaga, quizás no siempre sepamos qué nos pasa. Solo sabemos que algo no está bien.

3. La terapia como espacio para detenerse y preguntarse

La depresión y la ansiedad aparecen hoy con frecuencia en nuestra manera de nombrar el malestar cotidiano. Pero detrás de esos nombres también puede haber preguntas singulares: ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿qué quiero?, ¿qué deseo?, ¿qué estoy sosteniendo porque realmente lo elijo y qué sostengo porque siento que debería hacerlo?

Tal vez por eso un espacio terapéutico pueda ser, entre otras cosas, un lugar donde detenerse. Un espacio en medio de las exigencias, de los mandatos —muchas veces poco claros— y de ese exceso de garantías que promete que todo debería poder resolverse.

Un espacio terapéutico es un lugar donde detenerse en medio de las exigencias y mandatos para preguntarnos si la vida que llevamos es congruente con nuestro deseo.

4. ¿Qué nos está diciendo la tristeza?

Quizás la pregunta no sea solamente cómo dejar de estar tristes. Quizás también podamos preguntarnos qué nos está diciendo esa tristeza:

¿Qué deseo quedó suspendido? ¿Qué elección venimos postergando? ¿Qué riesgo estamos evitando? ¿Qué parte de nuestra vida necesita ser escuchada?

Porque a veces no se trata de aprender a querer más lo que tenemos, sino de poder descubrir qué es aquello que verdaderamente deseamos.

Y quizá allí comience algo distinto: no la promesa de una vida sin angustia, sino la posibilidad de una vida un poco más propia.

Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.