- La conducta suicida no surge del deseo de morir, sino de una profunda necesidad de dejar de sufrir.
- Etiquetar el suicidio con términos como valentía o cobardía simplifica una problemática compleja y profundiza el estigma.
- Las elevadas tasas en hombres reflejan mandatos culturales de fortaleza que obstaculizan la expresión de vulnerabilidad y el pedido de ayuda oportuno.
- El acompañamiento efectivo no busca forzar razones para vivir de inmediato, sino generar espacios seguros para aliviar el dolor emocional y recuperar el sentido.
1. El deseo de dejar de sufrir
Durante mucho tiempo, estuvo instalada la creencia de que las personas que intentaban suicidarse tenían el deseo de morir. Pero, cuando cambiamos el foco de nuestra pregunta, las respuestas también cambian. Al preguntarnos para qué una persona consideraría el suicidio, aparece algo que nos acerca a comprender la problemática: el deseo de dejar de sufrir.
Usualmente se utilizan términos como valentía y cobardía, que no hacen más que alimentar el estigma y reducir un problema tan complejo y multicausal a simples etiquetas. Por eso, parte de comprender la conducta suicida implica reconocer que, en determinadas circunstancias, una persona puede estar atravesando un sufrimiento tan intenso que no logra encontrar otra manera de afrontarlo.
Al preguntarnos para qué una persona consideraría el suicidio, aparece algo que nos acerca a comprender la problemática: el deseo de dejar de sufrir.
2. Señales de sufrimiento y mandatos de género
Hay otro aspecto que me parece importante señalar: las tasas de suicidio consumado son considerablemente más altas en hombres que en mujeres. En Uruguay, por ejemplo, en 2024 la tasa fue de 33,3 por cada 100.000 hombres, frente a 10,1 por cada 100.000 mujeres.
Estos datos nos llevan a pensar en la importancia de prestar atención a aquellas señales de sufrimiento que no siempre se expresan de manera explícita. En una sociedad donde todavía persiste la idea de que los hombres deben ser fuertes, autosuficientes y capaces de resolver sus problemas por sí mismos, mostrar vulnerabilidad o pedir ayuda puede vivirse como una debilidad. Esto puede dificultar que algunos hombres expresen lo que les pasa o busquen atención psicológica a tiempo.
Quizás, entonces, no se trate únicamente de preguntarnos por qué alguien llega a considerar el suicidio, sino también de preguntarnos cuánto espacio le damos para expresar su sufrimiento antes de llegar a ese punto.
Quizás no se trate únicamente de preguntarnos por qué alguien llega a considerar el suicidio, sino también de preguntarnos cuánto espacio le damos para expresar su sufrimiento antes de llegar a ese punto.
3. La desesperanza y la salida percibida
A fin de cuentas, el suicidio puede llegar a percibirse como una solución a un problema. Una salida que, en ese momento, parece posible porque todo su mundo está pintado de negro. La desesperanza, la dificultad para imaginar un futuro diferente y la sensación de que nada va a cambiar pueden hacer que resulte imposible visualizar una vida que valga la pena ser vivida; una vida valiosa, conectada con aquello que realmente importa.
La desesperanza, la dificultad para imaginar un futuro diferente y la sensación de que nada va a cambiar pueden hacer que resulte imposible visualizar una vida que valga la pena ser vivida.
4. ¿Qué nos mantiene con vida?
Cuando todo se vea oscuro, quizás podamos preguntarnos: ¿qué nos mantiene con vida?
Tal vez, parte de la respuesta esté en aquello que todavía nos importa, en los vínculos que queremos cuidar, en las experiencias que deseamos vivir o en la persona que queremos llegar a ser. No se trata de negar el sufrimiento ni de exigirle a alguien que encuentre motivos para vivir cuando siente que ya no los tiene. Se trata de poder acercarnos, poco a poco, a aquello que puede darle sentido a su vida.
Porque, cuando alguien no logra ver una salida, quizás el primer paso no sea pedirle que encuentre razones para vivir, sino ayudarle a descubrir que existen otras maneras de aliviar su sufrimiento.
Porque, cuando alguien no logra ver una salida, quizás el primer paso no sea pedirle que encuentre razones para vivir, sino ayudarle a descubrir que existen otras maneras de aliviar su sufrimiento.
Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.


