¿Y si no estoy a la altura? Una mirada cognitiva al síndrome del impostor

Atribuir los logros a la suerte o temer ser descubierto como un fraude: cómo las creencias tempranas construyen la autoexigencia y qué recursos de la TCC permiten flexibilizarlas.

Mirada cognitiva al síndrome del impostor y herramientas para cuestionar creencias limitantes
Puntos clave de este artículo
  • El síndrome del impostor no es un diagnóstico clínico, sino un fenómeno frecuente caracterizado por la dificultad para reconocer los propios logros.
  • Las creencias y reglas implícitas que desarrollamos en nuestra historia funcionan como lentes rígidos a través de los cuales evaluamos el rendimiento.
  • La evitación o la sobrepreparación alivian momentáneamente la ansiedad, pero refuerzan la creencia de no ser capaz.
  • Desde la TCC podemos tomar distancia de los pensamientos automáticos, verificar la evidencia objetiva y actuar con flexibilidad.

¿Y si no estoy a la altura?

Te seleccionaron para el trabajo que tanto querías y lo atribuiste a la “suerte”. En una reunión laboral te surgen diferentes ideas, pero no te animas a compartirlas porque pensas: “Se van a dar cuenta que no tengo tanto conocimiento como pensaban”; o dedicas excesivo tiempo y energía revisando un trabajo antes de exponerlo porque pensas: “podrían darse cuenta de que no estoy tan capacitado/a como pensaban”. Estas pueden ser algunas manifestaciones de lo que conocemos como síndrome del impostor.

Estas pueden ser algunas manifestaciones de lo que conocemos como síndrome del impostor: atribuir los logros a la suerte y temer ser descubierto.

¿De qué se trata realmente el síndrome del impostor?

Este concepto no constituye un diagnóstico clínico, pero puede ayudarnos a nombrar un fenómeno frecuente en nuestra sociedad: la dificultad para reconocer los propios logros y capacidades. Se asocia con un patrón de pensamientos de que uno mismo no es suficientemente bueno en lo que hace, que no está a la “altura” del rol que desempeña o incluso, que es un fraude o un engaño. Desde esta perspectiva, aparece la sensación de que los demás tienen expectativas que uno no va a poder cumplir, y que en algún momento se van a dar cuenta. Todas estas creencias pueden aparecer a pesar de que los hechos evidencien lo contrario.

¿Cómo se construye esta percepción sobre uno mismo?

A lo largo de nuestra historia desarrollamos una serie de creencias y reglas implícitas que nos ayudan a construir una imagen más o menos estable de nosotros mismos y organizar la realidad. Las experiencias que atravesamos en el entorno familiar, escolar y social, y la vivencia subjetiva de las mismas, influyen, entre otras cosas, en la construcción del autoconcepto, la valoración de las propias capacidades y las expectativas de logro. Algunas creencias sobre nosotros mismos se vuelven rígidas y se mantienen a lo largo del tiempo, funcionando como “lentes” a través de los cuales percibimos la realidad.

Desde una mirada cognitiva podemos explorar cómo se activan y operan estas creencias al enfrentarnos a situaciones cotidianas, incidiendo en las interpretaciones que hacemos y las decisiones que tomamos. A continuación se presentarán dos historias ficticias.

Dos historias cotidianas: la sobreexigencia y la evitación

J. tiene 35 años y creció en una familia que valoraba mucho el éxito académico. Cada vez que llevaba sus notas a casa o contaba como le había ido, la atención solía concentrarse en lo que faltaba o podría haber hecho mejor. Incluso al alcanzar resultados muy buenos, recibía comentarios como “era lo mínimo que podías hacer”. Estas experiencias podrían haber contribuido a una excesiva autoexigencia.

Hace poco la ascendieron a un rol importante en su trabajo. Aunque su trayectoria es evidencia de su experiencia y conocimiento en el área, piensa “¿A quién estoy engañando? Otros compañeros están más preparados que yo para esto”. Teme que cualquier error revele que “no está a la altura”. Le cuesta tomar decisiones con determinación y le dedica muchísimo tiempo y atención a cada trabajo antes de presentarlo, revisando cada detalle. El resultado final suele ser bueno y al recibir buenas devoluciones se siente aliviada, sin embargo concluye, “Si no lo hubiera revisado tanto y consultado con otros, hubiera sido un desastre”.

H. tiene 30 años y aprendió a tocar la guitarra de forma autodidacta desde niño. Su hermano mayor era muy talentoso en los deportes y sus padres valoraban en gran medida sus logros. Sin embargo, el interés de H. por la música era visto como una pérdida de tiempo y una molestia en la casa, por lo que le insistían que se dedicara a otras actividades, como mejorar a nivel académico o integrarse a un equipo deportivo. Estas experiencias podrían haber contribuido a restar valor a sus habilidades y sentirse menos capaz que los demás.

Actualmente disfruta de tocar y componer en la intimidad de su casa. Su sueño es grabar un disco, pero ninguna canción le parece tan buena como para mostrarla. Después de escucharlo tocar en una juntada con amigos, un conocido lo invitó a formar parte de su banda. Piensa “seguro me escucho un rato y cree que soy mejor de lo que realmente soy”, “se van a decepcionar cuando me escuchen”. Siente ansiedad y vergüenza, y rechaza la invitación. Al rechazarla se siente aliviado. Relata que esto le sucede en otros ámbitos. De esta forma evita exponerse a situaciones que le generan ansiedad, pero a su vez pierde la oportunidad de comprobar a través de la experiencia su capacidad.

¿De qué manera podemos empezar a explorar y cuestionar estas creencias?

Los siguientes recursos se basan en prácticas de la terapia cognitiva-conductual y pueden ser útiles para empezar a identificar estos pensamientos y responder de una manera más consciente y flexible en situaciones cotidianas.

Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.