- Nuestra salud física y mental están profundamente conectadas: el movimiento genera cambios directos en el cerebro a través de la neuroplasticidad y los neurotransmisores.
- El ejercicio fomenta la autoeficacia, permitiéndonos descubrir capacidades, experimentar pequeños logros y ganar confianza personal.
- El autocuidado no debe transformarse en una obligación rígida ni en una fuente de culpa por no cumplir rutinas ideales impuestas.
- Cuidarnos implica registrar y respetar nuestras necesidades singulares, reconociendo que el descanso también forma parte de la salud.
1. Más allá de la apariencia: habitar el cuerpo
¿Cuántas veces pensaste en hacer ejercicio para cambiar algo de tu cuerpo? Quizás para verte diferente, bajar de peso, ganar músculo o mejorar tu condición física.
Pero ¿cuántas veces pensaste en moverte simplemente por cómo te hace sentir?
Estamos tan acostumbrados a relacionar el ejercicio físico con nuestra apariencia que, muchas veces, dejamos en segundo plano todo lo que sucede cuando nos movemos.
Y no me refiero solamente a esa sensación de bienestar que podemos experimentar después de entrenar, salir a caminar o bailar nuestra canción favorita. Me refiero a cambios mucho más profundos, que no necesariamente podemos ver, pero que también forman parte de nuestra salud.
Porque nuestro cuerpo no es solamente algo que se ve. Es también algo que sentimos, habitamos y a través del cual experimentamos la vida.
Porque nuestro cuerpo no es solamente algo que se ve. Es también algo que sentimos, habitamos y a través del cual experimentamos la vida.
2. Lo que sucede cuando nos movemos va mucho más allá de nuestros músculos
Hay algo que me parece fascinante de nuestro cuerpo: la manera en la que todos sus sistemas están conectados.
Cuando atravesamos una situación de estrés, por ejemplo, no solamente cambia nuestra forma de pensar. Quizás sentimos tensión muscular, nos cuesta dormir, estamos más cansados o tenemos esa sensación de estar constantemente en alerta.
Esto sucede porque nuestra salud física y mental no funcionan de manera independiente. Y así como nuestras experiencias emocionales pueden manifestarse en el cuerpo, el movimiento también puede influir en nuestro bienestar psicológico.
Durante mi formación como psicóloga, dediqué mi trabajo final de grado a investigar la relación entre el ejercicio físico y la salud mental, particularmente en la depresión. Y uno de los aspectos que más me interesó fue comprender cómo algo tan cotidiano como movernos puede generar cambios en nuestro cerebro.
¿Sabías que nuestro cerebro tiene la capacidad de modificarse y adaptarse a lo largo de la vida?
A esta capacidad se la conoce como neuroplasticidad, y es fundamental para procesos como el aprendizaje, la memoria y la regulación de nuestras emociones.
Las investigaciones muestran que el ejercicio físico puede favorecer estos procesos, entre otras cosas, a través de su influencia sobre una proteína llamada BDNF, que participa en el mantenimiento y la formación de conexiones neuronales.
Pero eso no es todo. El movimiento también influye en sistemas relacionados con el estrés, la inflamación y distintos neurotransmisores que participan en nuestro estado de ánimo.
Es decir, mientras caminamos, corremos, bailamos o entrenamos, están ocurriendo procesos que van mucho más allá del esfuerzo físico.
Y me parece increíble pensar que una actividad tan accesible en algunas de sus formas pueda tener efectos tan diversos sobre nuestra salud.
Nuestra salud física y mental no funcionan de manera independiente. Y así como nuestras experiencias emocionales pueden manifestarse en el cuerpo, el movimiento también puede influir en nuestro bienestar psicológico.
3. A veces, el cambio más importante no se ve en el espejo
Hay otra dimensión del ejercicio que me interesa especialmente desde la psicología.
Imaginá que empezás una actividad nueva. Al principio te cuesta, sentís que no tenés suficiente resistencia o que hay movimientos que todavía no podés realizar.
Pero pasan las semanas y empezás a notar pequeños avances. Quizás ahora podés caminar una distancia mayor, levantar algo que antes te resultaba pesado o simplemente sentirte más cómodo realizando esa actividad.
Lo interesante es que no solamente está cambiando tu capacidad física. También puede estar cambiando la percepción que tenés de vos mismo.
En psicología hablamos de autoeficacia para referirnos a la confianza que tenemos en nuestra capacidad para afrontar desafíos y alcanzar objetivos.
Y el ejercicio puede ser un espacio para desarrollar esa confianza.
No porque tengamos que superarnos constantemente, sino porque nos permite descubrir capacidades que quizás desconocíamos, experimentar pequeños logros y construir una relación diferente con nosotros mismos.
También puede convertirse en un espacio para compartir con otras personas, desconectarnos por un rato de nuestras preocupaciones o simplemente disfrutar de algo que nos gusta hacer.
Por eso, cuando pienso en los beneficios del movimiento, no pienso solamente en un cuerpo más fuerte o con mayor resistencia.
Pienso también en la posibilidad de sentirnos capaces, de ganar confianza y de empezar a valorar nuestro cuerpo por todo lo que nos permite hacer, y no únicamente por cómo se ve.
Pienso también en la posibilidad de sentirnos capaces, de ganar confianza y de empezar a valorar nuestro cuerpo por todo lo que nos permite hacer, y no únicamente por cómo se ve.
4. Cuidarnos no debería convertirse en otra exigencia
Ahora bien, hay algo que considero importante aclarar.
Vivimos en una sociedad que constantemente nos invita a mejorar. Mejorar nuestro cuerpo, nuestra alimentación, nuestra productividad, nuestros hábitos.
Y, a veces, incluso aquello que comenzamos haciendo para sentirnos bien termina convirtiéndose en una obligación.
Sentimos culpa por no entrenar, nos comparamos con otras personas o creemos que, si no cumplimos determinada rutina, estamos haciendo las cosas mal.
Pero ¿qué sentido tiene incorporar un hábito para cuidar nuestra salud si termina convirtiéndose en otra fuente de malestar?
No todas las personas disfrutan de las mismas actividades. No todas tienen el mismo tiempo, los mismos recursos o las mismas posibilidades. Y tampoco todos los días tenemos la misma energía.
Por eso, aunque la evidencia científica respalda los beneficios del ejercicio físico, considero que es fundamental pensar cómo incorporarlo a nuestra vida de una manera que tenga sentido para cada uno.
Quizás para vos sea ir al gimnasio, salir a correr, caminar escuchando música o bailar en tu casa. No tiene que ser una actividad extraordinaria ni una rutina perfecta.
Y tampoco tenemos que disfrutar del movimiento todos los días.
Cuidarnos también implica aprender a escucharnos, reconocer nuestros límites y entender que descansar es parte de nuestra salud.
¿Qué sentido tiene incorporar un hábito para cuidar nuestra salud si termina convirtiéndose en otra fuente de malestar?
5. Una forma diferente de relacionarnos con nuestro cuerpo
Personalmente, el movimiento ocupa un lugar muy importante en mi vida. Disfruto entrenar, sentirme fuerte y descubrir lo que mi cuerpo es capaz de hacer.
Pero también me interesa mirar el ejercicio desde mi lugar como psicóloga, entendiendo que nuestra relación con el movimiento, al igual que con nuestro cuerpo, está atravesada por nuestra historia, nuestras experiencias y nuestras emociones.
Y que no existe una única forma de cuidarnos que funcione para todas las personas.
Creo que aprender a conocernos también implica preguntarnos qué cosas nos hacen bien, cuáles hacemos por disfrute y cuáles sostenemos únicamente por exigencia.
Porque cuidar nuestra salud mental no consiste en tener todos nuestros hábitos bajo control, ni en sentirnos bien permanentemente.
También tiene que ver con cómo nos tratamos cuando las cosas no salen como esperábamos, con las expectativas que ponemos sobre nosotros mismos y con la posibilidad de construir una vida que se parezca un poquito más a lo que necesitamos.
Quizás el movimiento pueda ser una de esas formas de encontrarnos con nosotros mismos.
Y quizás la próxima vez que salgas a caminar, bailar o entrenar, puedas preguntarte algo diferente:
Más allá de cómo quiero que se vea mi cuerpo, ¿cómo quiero sentirme en él?
Más allá de cómo quiero que se vea mi cuerpo, ¿cómo quiero sentirme en él?
Aviso de divulgación profesional: Este artículo ha sido elaborado por profesionales de la salud mental con fines estrictamente psicoeducativos y orientativos. No reemplaza ni constituye una consulta diagnóstica, pericial o de tratamiento psicoterapéutico individualizado. Si te sentís en situación de crisis o sufrimiento emocional, te sugerimos contactar a un profesional matriculado o recurrir a las líneas de asistencia de tu región.


